[imprimir]         [Volver a la Edición 2]

EL CORREO

¡LA VIDA EMPIEZA A LOS 40!

Estimada editora:

Bueno, aquí estoy, echando por tierra el actual aluvión de críticas al celebrar mi 40 cumpleaños. Extraoficialmente, hace ya 10 años que se me pasó la fecha. No es que lo esté celebrando: ya lo hice y tengo la resaca que lo demuestra.

No, a decir verdad, estoy deprimido, es decir, ahora se me considerará como una persona de «mediana edad», aunque soy mucho más joven de espíritu. Ya lo sé, sí, que la vida empieza supuestamente a los 40, bla bla bla, pero mi vida empieza de nuevo cuando termino mi última dosis de Gentamicina y me sacan la jeringuilla. Es un verdadero alivio poder bañarte como Dios manda y retozar en la cama (respondan a través de postales, por favor) sin que se te vaya a mover la jeringuilla.

De lo que me he dado cuenta es que, al ser alguien con FQ que continúa viviendo con el paso de los años, la profesión médica en general empieza a tratarte con algo más de respeto, ¿o será compasión? Habrá gente con FQ que no estará de acuerdo conmigo. Ahora me están preguntando qué tratamiento quiero y mi opinión sobre ese tratamiento. Bueno, la verdad es que mejor ni digo mi opinión sobre el tratamiento, pero mi sentido común toma las riendas y me dice que, o lo acepto, o tendré que sufrir las consecuencias. ¡La rebeldía no es una opción!

Durante los últimos años me ha confortado el hecho de que las personas con discapacidad hayan sido, por lo general, mejor aceptadas por la sociedad. Las cosas no son, ni mucho menos, perfectas, pero al haber cumplido los 40 años, y como persona con FQ, ya no me siento avergonzado por mi padecimiento. Si alguien tiene algún problema con mi tos y todo eso, les relato con placentera morbidez la naturaleza de mis quejas y lo que conllevan. Además, me he ido haciendo más díscolo y polémico cuando me hablan sobre la FQ de forma negativa. ¡Sólo Dios sabe como acabaré siendo cuando tenga 50!

La edad es una cuestión mental. Cuando eres pequeño, todo el mundo quiere ser mayor, así que es natural que cuando llegas a cierta edad, prefieres la juventud eterna. Para mí es lo mismo, aunque teniendo en cuenta que tengo FQ, mi edad es todo un premio. Todos los días son un premio cuando sigues vivo, aunque tengas una enfermedad crónica. Es un punto de vista simplista, pero habrá mucha gente que esté de acuerdo con él.

Podréis pensar que llegar a los 40 es un gran logro, pero yo no lo veo así, aunque, para mí, es fácil decirlo ahora que he llegado a este punto. Es como si el tiempo pasara volando cuando te estás divirtiendo, de verdad.

El único inconveniente que cabe destacar es que en noviembre del año pasado tuve que abandonar mi trabajo como funcionario de vivienda para la autoridad local. No puedo negar que mi salud ha empeorado desde que empecé a trabajar hace ya 20 años, y me di cuenta durante el último año que tratar de compaginar un trabajo a jornada completa con una enfermedad aguda no me dejaría, a largo plazo, gozar de buena salud.

Sigo echando de menos el trabajo y volvería mañana mismo. La gente con la que trabajé formaba un buen equipo y tenían un sentido del humor bastante retorcido, por lo que encajamos perfectamente. Teniendo en cuenta el trabajo que desempeñábamos el sentido del humor era algo esencial.

Así que cuando le digo a la gente que me he jubilado, piensan que soy una especie de rico empresario que está recogiendo los frutos de su trabajo. ¡Ojalá! No os equivoquéis, no todo ha sido un camino de rosas y creo que estoy en lo cierto si digo que, para vivir con la FQ tienes que ser decidido, sano y absolutamente obstinado.

Bueno, y ¿dónde están mi pipa y mis zapatillas?

Phil Wild
County Durham, GB